miércoles 12 de noviembre de 2008

Te Sueño...

Te sueño… y en mi sueño, dormís. Sola, en medio del colchón. Pareces pequeña, frágil, buena. Tu boca apenas abierta, sólo lo justo para que los suaves respiros, casi suspiros, escapen a ritmo lento y tranquilo, a la velocidad del sueño.

Tus ojos giran bajo tus párpados, inútiles.

Tengo miedo.

No sé por qué. Pero siento miedo.

De pronto despiertas. Tus párpados, ahora abiertos apenas, lo mismo que tu boca, dejan que tus ojos espíen entre tus pestañas, acostumbrándose a la oscuridad, de a poco.

Decenas de siluetas mienten, aprovechándose de la poca luz, disfrutando del anonimato, disfrazándose. Una chaqueta colgada de un gancho en la pared, es ahora un hombre parado, mirándote fijo desde un rincón… Una pila de ropa de cama caída en el piso, es ahora un animal grande y corpulento, echado, acechando. Hay pájaros en las paredes y en el techo, que posados, te observan.

Corres las sábanas, descubriendo tu cuerpo. Por un momento, la oscuridad te pone un disfraz de niña pequeña, sentada en medio de una balsa, flotando en aguas infestadas de seres expectantes a tu caída.

Te apoyas en tus manos y rodillas, y en sólo dos pasos llegas al borde de la balsa/colchón. Tu pie, mas liviano que la media que lo cubre, se aventura a las aguas, y al apoyarse evidencia un piso de madera vieja, que suena con un leve chillido bajo el peso de tu cuerpo.

Sentís miedo.

Sabes por qué.

Sentís mucho miedo.

El hueco en la panza llega hasta los pulmones. Vértigo. Ésa misma sensación que invade en una caída. La misma sensación que invade en un enamoramiento. Intensa, traba tus articulaciones, seca tu garganta, ni te da permiso de temblar. Como un enamoramiento. Miedo.

Tu pie derecho, tu pie valiente, da un paso corto, despojado de toda actitud desafiante. El pie izquierdo, tu pie cobarde, lo alcanza. La chaqueta colgada junto a la puerta ya perdió su disfraz. Dos pasos más y tu mano alcanza el picaporte. Frío. Grande y deslustrado, hace que tu pequeña mano resalte, blanca y opaca. Un puño cerrado. Pan sin cocer. Dos, tres movimientos, el viejo mecanismo juguetea en el interior, piezas flojas que golpean entre sí. Cuatro, cinco… las piezas encajan, la puerta se abre.

Contenida por el marco de la puerta, tu silueta, dibujada, como en un papel, al pie de la hoja, enmarcada.

La nueva habitación se hace gigante, cargada de nuevas siluetas con sus respectivos disfraces efímeros. El hueco de la panza se hace más grande también, alcanzando casi los hombros y las rodillas. El miedo sigue sin darle permiso a tu cuerpo para temblar, y tu cuerpo sigue haciéndole caso.

Tus pies dan pasos cortos, encontrando algunas tablas flojas que rechinan con sonidos que hacen imaginar el frotar de enormes y viejos dientes de madera, y te llevan al medio de la habitación.

Ahí estás. La inmensidad del lugar me miente tu tamaño. Pareces una niña.

Los ojos se acostumbran, la oscuridad pierde fuerza, los disfraces de las sombras se caen y se desenmascaran los falsos fantasmas.

Pero el miedo sigue. Ahora en todo el cuerpo. Desde los talones hasta la cabeza. Te envuelve, te cubre, te abriga.

Es extraño, pero te sentís segura. Aún con todo ese miedo.

Una niña, sola, pequeña, asustada, en medio de la enorme habitación apenas iluminada. Te ves blanca, totalmente blanca. Tu piel, tus ropas. Como el papel.

Hace frío. Vos no sentís frío, pero hace frío, mucho frío. Yo sí tiemblo. Tiemblo rapidísimo, casi vibrando. Las puntas de los dedos de mis manos están heladas y también las plantas de mis pies. Pero no puedo dejar de mirarte, observarte, tan blanca. Tan extremadamente blanca se ve tu piel, que se dibuja un halo a tu alrededor. Como si pudiese ver ése miedo que te rodea.

Pero el que tiembla soy yo.

Me doy cuenta de que el que tiene miedo soy yo. Que el miedo es mío.

Aterrado, inmóvil, parado en una esquina oscura de esa enorme habitación, observándote sin que me veas. Sin que me mires.

Ya no se quién es el que sueña.

Ya no se quién es el fantasma.



Juan Ángel

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Llegó finalmente.

Confirmada la fecha de la muestra, mi muestra.

La JuanÁngelArte... en el mismo barrio que me vio crecer, frente a la plaza donde di mis primeros pasos. Esa plaza me verá dar otro gran primer paso.

Quedan invitados los Juanangelados que gusten. A partir de las 20:30hs del 2 de Diciembre.